Saturday, August 20, 2016

El cuento de dos rocas que abrieron un hueco en el cielo

por quincy saul, cocuy, diciembre 2015, corregida gracias a diana quintero


Estábamos caminando atraves del páramo, hacia la cumbre del Ritak'uwa Blanco, y desde cielos poco claros, empezó a caer lluvia. La cual rápidamente se convirtió en granizo. Cayeron gotas mas y mas grandes que llegaron a ser tan duras, que hasta el perro ladraba, pero yo tenia la sospecha de que era un tipo de buena suerte. (Los que tienen corazón, laten.) De repente, confirmando mi presentimiento, un granizo cayo exactamente en mi mano casi cerrada. Agradeciendo la Pachamama, lo puse en mi boca para saborear su vuelo vertical y su perfección esférica.

Pero después de un tiempo de cargar mochilas pesadas en senderos inclinados, cuando estaban llenos de granizados los frailejones, y no se veía muy bien el sendero, pues la oscuridad, el viento, y la lluvia dura congelada desaniman un poco, entonces de repente y al azar, no se si por cual instinto o conocimiento, seleccione una roca bonita del barro al lado del camino, y mientras caminaba la limpie con mis dedos y hable con ella. Le dije algo así:

  “Saludos amiga, compañera, estimada roca, eres una belleza. ¿Puedes preguntarle a tu hermana, a tu abuela la montaña, por nuestra parte, que haga un hueco en las nubes y en los granizados?
¿Puedes pedirle que abra para nosotros una ventana hacia el milagro común del cielo? En retorno, te voy a limpiar y a poner en alto sobre una roca mas grande, otra cumbre; por que al igual que tu, nosotros tambien vamos para la cumbre; lo que ambos queremos quizás no sea tan diferente. Te voy a limpiar y poner en lo alto, para que cuando la abuela montaña abra un hueco en el cielo, tu puedas ver y ser vista por tu bisabuela la luna, y tu bisabuelo el sol, y también por tus otros relativos; los planetas y las estrellas, para que tus primos en todo el cosmos puedan verte directamente y conocer tu belleza que ellos comparten.” 

    “Y ademas,” yo dije a la roca, viendo otra roca linda en el barro al lado del camino, “te voy a presentar una pareja para ti. Ustedes son muy distintos y muy parecidos, muy parecidos y muy distintos. Siempre estaran separados y siempre estaran juntos. Les pido a los dos, que pueden sentir el amor de mis dedos, que pidan a su abuela hermana la montaña, que dirija sus vientos para crear un hueco en las nubes, para que la luna y el sol y las estrellas puedan verles a los dos, la pareja de dos seres distintos y unidos, o de dos no-seres unidos y distintos. Les voy a poner en la cumbre de esta gran roca aquí, con otro hermano, ahora que están limpias y brillantes, ahora que todo el mundo les puede ver.” Y les puse allí.

“Entonces me despido de ustedes, estimados maestros y estudiantes, cada uno y los dos tan sencillos y tan complejos, y si me haces este favorcito de hablar con tu abuela la montaña por nuestra parte, te prometo que voy a escribir nuestro cuento, para que no solo el sol y la luna y las estrellas les puedan ver, sino también nosotros, los extraños seres humanos. Les despido a ustedes, hermanos, pero no me despido, porque mientras ustedes están y mientras soy, estamos y somos conectados siempre por nuestra búsqueda mutua, de pertenecer a nuestro mundo, que habitamos y somos cada momento. Gracias y que les vaya bien!”

    Y resulto, que menos de media hora después, se desvanecio el granizado, poco a poco. No despejo por completo, pero bastante. Y por los próximos tres días, en la montaña de Concavo también, muchas veces abrieron huecos en las nubes – ventanas alucinantes al azul y al cosmos, a estrellas y a horizontes. Huecos en las nubes que te hacen pensar en saltar (¿afuera o adentro?) del mundo. Siempre parecían estar justo arriba de nosotros. Quizás el cielo colombiano siempre tiene huecos. Tal vez es pura coincidencia. Pero en castellano tenemos otra frase – tal vez abrieron huecos por causalidad. ¿Y por cual causa? ¿La mía? ¿La montaña? ¿La roca, la pareja? Lo he pensado por varias semanas, es decir varias y distintas eternidades y momentos fugaces, y creo que la respuesta, la causa, es la nuestra.

    Lo escribo para que se aprenda. Vale la pena conversar y incluso hacer tratos con las rocas. Con una roca en las manos se puede conocer también sus relaciones; se puede abrir un hueco en el cielo y saltar hacia las estrellas.

    Quizás estoy loco. O quizás estoy apenas despertándome de un mundo sin alma.


(foto del cumbre de ritikuba blanco, por qms)